En José Pariente creemos firmemente que no solo nos define nuestra actividad empresarial, sino la manera en la que nos relacionamos con las personas que nos rodean.
Este año hemos vivido una experiencia que nos ha emocionado profundamente junto a la Asociación El Puente, un taller prelaboral de salud mental de Rueda que acompaña a personas en su proceso de desarrollo personal, social y laboral. Más que una colaboración, ha sido un aprendizaje compartido.
Nuestra aportación hizo posible una salida cultural a Madrid para asistir al musical El Rey León. Puede parecer simplemente un viaje, pero no lo fue.
Para muchas de las personas del taller, este tipo de experiencias no forman parte de lo habitual. No siempre existen los recursos necesarios para desplazarse, disfrutar de un espectáculo de gran formato o pasar un día diferente fuera de su entorno cotidiano. Por eso, saber que pudieron vivir esa jornada —el trayecto compartido, las luces de la ciudad, la emoción contenida antes de levantarse el telón— nos llena de una profunda gratitud.
Fue un día especial. Hubo nervios, risas, sorpresa y emoción. Momentos sencillos que, sin embargo, dejan huella.
Que la Navidad nos reúna en torno a lo que realmente importa.
La colaboración continuó de una manera igualmente significativa. Este año, las felicitaciones navideñas que entregamos a nuestros clientes y proveedores fueron elaboradas por las personas del taller prelaboral. Cada tarjeta fue creada con dedicación, tiempo y creatividad, poniendo en valor el origen y el trabajo hecho con las manos y con el corazón. Igual que nuestros vinos.
Cuando las tuvimos en nuestras manos entendimos que no eran simples tarjetas. Eran horas de concentración, de compañerismo, de esfuerzo compartido y de orgullo por el trabajo bien hecho. Eran también una oportunidad para visibilizar capacidades, talento y compromiso.
Para nosotros era importante que cada cliente y proveedor recibiera algo más que un mensaje de buenos deseos. Queríamos que les llegara una historia. Un gesto compartido. Una pequeña muestra de todo lo que puede surgir cuando confiamos en las personas y creemos en sus posibilidades.
Colaborar con la Asociación El Puente ha sido, ante todo, un acto de respeto y de coherencia con lo que somos.
Como bodega familiar profundamente arraigada a nuestro territorio, creemos en el compromiso real con nuestra comunidad. Creemos en acompañar procesos, en apoyar, en generar oportunidades. Pero, sobre todo, creemos en el valor y la dignidad de cada persona.
Esta Navidad nos quedamos con una certeza sencilla: la responsabilidad social no se construye con grandes discursos, sino con pequeños gestos que crean vínculos auténticos.
Y son esos vínculos, al final, los que verdaderamente importan.



